Conclusiones de nuestro viaje a Roma.

Cada vez que volvemos de algún viaje, siempre nos gusta escribir un pequeño post con las conclusiones y reflexiones finales sobre el lugar en el que hemos estado. Y en este caso Roma no va a ser menos ya que hemos pasado un fin de año fantástico en la capital de Italia. Podríamos estar escribiendo varias páginas sobre las maravillas de la “ciudad eterna” pero eso es algo que podéis ver en las entradas de este diario de viaje por lo que ahora no vamos a contar cada uno de los sitios en los que hemos estado.

Pero empezaremos diciendo que Roma es una ciudad para vivirla y admirarla mientras paseas por sus estrechas calles. A pesar de ser una gran capital,  sus principales atractivos turísticos se encuentran relativamente cerca los unos de los otros por lo que se puede ir caminando tranquilamente hasta llegar al lugar deseado. Esto hace que en un fin de semana de visita, los turistas se puedan quedar con la esencia de esta ciudad. Nosotros hemos estado 4 días completos por lo que nos ha dado tiempo para ver bastantes cosas aunque seguro que ni una quinta parte de todo lo que nos puede ofrecer. Es increíble ver que en cualquier esquina de cualquier calle te puedes tropezar con alguna fuente, iglesia o monumento destacado. Digamos que Roma es una obra de arte en sí misma.

No queremos destacar nada en particular ya que cada sitio tiene su encanto. La Fontana de Trevi, el Panteón, La Plaza de España, el monumento a Víctor Manuel o también la Plaza del Poppolo son algunos de esos lugares. Sitios que tienen en común el hecho de poder sentarte en sus alrededores a tomarte un café, una cerveza o también comer. Porque Roma es una ciudad con mucha vida, llena de gente a cualquier hora del día. Y los precios de la ciudad no nos han parecido demasiado elevados. Prácticamente igual o incluso más barato que los que nos podemos encontrar en Madrid o Barcelona. Es cierto que al viajar en estas fechas es normal encontrar a bastante gente, pero nosotros tampoco hemos sentido una gran sensación de agobio (a excepción de los mueso vaticanos) que hemos tenido en otros lugares en verano.

Mención especial hay que hacer a la Roma Imperial, la que fue centro del mundo en la antigüedad y de la cual quedan aún por suerte múltiples vestigios y evidencias palpables. Bajar desde la Plaza Venecia, donde hablaba al pueblo Benito Mussolini, en dirección calle abajo hacia lo que fue el centro neurálgico de la antigua ciudad es una gozada. Uno va paseando entre estatuas de emperadores, restos de antiguas viviendas, el antiguo foro romano hasta llegar a la joya de la corona, el Coliseo que sigue ahí majestuoso tras más de 2000 años. Para los que nos gusta la historia este es un recorrido fascinante.

Por supuesto que no podemos obviar el Vaticano, la sede de la Iglesia cristiana y lugar de peregrinaje de millones de personas de todo el mundo. Posiblemente haya sido el lugar más concurrido de todo el viaje llegando a ser agobiante en muchos momentos. Tanto la entrada a la Basílica de San Pedro como a los museos vaticanos se tiene que realizar tras largas e interminables colas. Con la dificultad añadida que supone el viajar con dos niños pequeños.

Quizá esa haya sido la mayor dificultad de nuestras estancia en Roma. Aunque se puede ir tranquilamente a Roma con niños, hay que reconocer que no es una ciudad que sea perfecta para viajar en familia. Es toda una odisea visitar el Vaticano ya que además de la multitud, si lo haces con cochecito va a ser realmente complicado, especialmente bajar a la Capilla Sixtina con él. Algo similar a lo que ocurre en la zona más antigua de la ciudad debido a que las ruinas del foro o los adoquines de las calles dificultan bastante el tránsito. Nosotros como “expertos” hemos podido ir sorteando estos pequeños inconvenientes aprovechando las horas de siesta de los niños o combinando las visitas con otros lugares como algunas plazas en los que ellos se pudieran divertir.

Por eso a nosotros no nos gustaría destacar en especial nada de Roma, al mismo tiempo que queremos destacarlo todo. Da igual el sitio en el que estés, ya sea tomándote una cerveza en la Piazza Navona o comiendo una pizza delante de la Fontana de Trevi. Todo en Roma es monumental y vale la pena saborearlo con tranquilidad. Quizá por ello se la llama la ciudad eterna, porque en ella nada se acaba nunca, aunque hayan pasado más de dos milenios de historia. Somos conscientes de que solo hemos visto una pequeña muestra de esta ciudad pero nos llevamos un gran recuerdo de un lugar al que ya hacía tiempo que queríamos ir. Tachamos pues en el mapa una de las grandes capitales de nuestro planeta.

Estamos seguros que algún día volveremos para volver a saborearla aún con más tranquilidad. Convencidos de que la leyenda de la moneda en la Fontana de Trevi se encargará de ello. Así pues, “El viaje de los elefantes” se retira a descansar unos meses hasta nuestra próxima aventura veraniega. Aún no sabemos donde nos llevará el destino, pero seguro que volveremos aquí para contarlo.

Autor entrada: brunete80

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