Conclusiones del viaje.

Una vez ya en nuestra casa toca hacer un pequeño balance de lo que ha sido el viaje de este verano. Es algo que siempre nos gusta hacer para aprender de cara a nuevas aventuras. El de este año ha sido un viaje algo atípico ya que apenas hemos tenido tiempo de prepararlo debido a que no sabíamos si Sonia tendría vacaciones. Al final sí que pudo ser por lo que las opciones eran pocas y debía ser algo sencillo.

Y como teníamos guardada a la recámara esta aventura decidimos aprovecharlo. Ya hace tiempo que habíamos hablado de hacer la ruta de los hermanos Grimm siguiendo los lugares en los que se inspiraron para escribir sus cuentos. Así que solo teníamos que ver esos lugares y seguir la ruta que ya estaba prácticamente hecha. Una ruta que empieza cerca de Frankfurt y acaba en Bremen. Fácil por lo tanto.

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Al tener dos niños aún pequeños (2 y 5 años) vamos buscando destinos poco masificados y con espacios tranquilos para que nuestros niños puedan jugar y no agobiarse en un entorno como podría ser una gran ciudad. Y la verdad que esta ruta es adecuada para ello. Es entrañable ir a los lugares donde “viven” personajes como Blancanieves y los 7 enanitos, la Cenicienta, el flautista de Hamelín o Caperucita Roja. Cada pueblo, cada lugar marcado en el mapa aprovecha el tirón de su personaje para promocionar su cuento e intentar atraer a turistas.

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Como ya hemos dicho la ruta transcurre desde Hanau y Steinau, que fueron los lugares donde nacieron y vivieron los hermanos Grimm, (se puede ver su casa museo) hacia el norte de Alemania. Podemos decir que se ve una Alemania interior, profunda y alejada de lo que puede ser la vida cerca de Múnich, Berlín o la propia Frankfurt. Y esto nos ha demostrado que a veces los estereotipos que se cumplen. Tras nuestra experiencia hemos comprobado que los alemanes son muy secos, poco simpáticos y con poco sentido del humor. Esto no quita que sean realmente muy educados y que hayan sido amables con nosotros en todo momento. Y otra cosa que nos ha llamado la atención es su poco interés y conocimiento del inglés (al menos en esta zona centro más rural) ya que en muchos lugares apenas chapurreaban algunas palabras, incluso los mismo dueños de los pequeños hoteles en los que nos hemos ido alojando.

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Además, el pueblo alemán es muy respetuoso con el medio ambiente, ya que solo había que ver lo limpias de las calles y parques además de ver también paneles solares en prácticamente todas las casas.

En cuanto al tema económico Alemania no nos ha parecido tan, tan cara como nos temíamos. Por unos 15-20 euros por persona hemos podido comer bien en diferentes bares o restaurantes. Algo al centro para picar y siempre un plato principal, así que nos ha parecido bastante bien. Eso sí, en las ciudades más grandes como Bremen sí que los precios son más caros. y lo que no nos ha sorprendido es la gastronomía. Mucha salchicha, snitzel (carne empanada) codillos y platos acompañados con patatas. Lo esperado. Eso sí, la cerveza buenísima y a raudales. Así que una vez más, nuestra aventuras nos sirven para valorar lo afortunados que somos de disfrutar de una riquísima dieta mediterránea altamente saludable.

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Y volviendo a hablar propiamente de la “Ruta de los cuentos de hadas” cabe decir que no se trata de una ruta especialmente turística y abarrotada de gente. De vez en cuando hemos visto a algunos turistas que van en busca de los personajes de cuento, estatuas o castillos de la ruta, pero poca gente que reseñar. Es más, muchas veces se han extrañado de ver españoles por allí visitando sus pueblos. Esto nos ha dado una pequeña idea de que es un destino casi exclusivamente de los propios alemanes a los que les gusta perderse en el interior de su país con una caravana haciendo camping y poco más.

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Por poner un pero, esperábamos un pelín más de la ambientación o recreación de los lugares. Aunque eso no quita que hayamos disfrutado estando en los castillos de Rapunzel (donde dormimos) y la Bella Durmiente o las calles de Bremen. O que también Xavi y Àlex se lo hayan pasado en grande por ejemplo en el zoo/reserva natural de Sababurg.

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Como valoración final podemos decir que estamos satisfechos y contentos que este viaje. Con un tiempo de preparación tan corto y sin saber muy bien lo que íbamos a ver, se nos ha quedado muy “arregladito”. Momentos culturales, momentos de disfrute para nuestros niños y también momentos para la magia al conocer a muchos de los personajes que han llenado la vida de muchos niños a lo largo de los años, empezando por nosotros mismos y acabando por nuestros dos hijos. Además hemos conocido un nuevo país, Alemania, que aunque está relativamente cerca del nuestro tiene también sus diferencias culturales, lo cual siempre nos gusta aprender.

Así que “El viaje de los elefantes” se retira a descansar una temporadita, por lo menos hasta finales de año que es cuando seguramente emprenderemos un nuevo viaje en busca de conocer un nuevo pedacito de mundo. Hasta entonces seguiremos imaginando nuestras próximas aventuras…

Autor entrada: brunete80

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