Llegada a Londres y ubicación en la ciudad.

Nuestro viaje a Londres no iba a tener un inicio plácido. La noche antes de partir hacia allí, nos enteramos por unos amigos que también van a pasar allí la Nochevieja, que el servicio de tren desde el aeropuerto de Gatwick hacia el centro de la ciudad estará no operativo durante unos días. Un gran contratiempo ya que este tren (Gatwick Express) hace el trayecto en 30 minutos. La otra opción es ir en autobús, lo cual nos hará invertir casi dos horas y con ello no podremos llegar con casi total seguridad a un Tour que teníamos concertado por los lugares más emblemáticos de la ciudad (menos mal que se pagaba allí en mano al guía). Pero el problema surge cuando constatamos que no hay autobús libre en unas cuantas horas, por lo que como última opción, nos vemos obligados a contratar un transporte privado el cual nos costará casi 85 euros. En fin, es lo que hay. Al menos llegaremos a Londres no demasiado tarde e intentaremos situarnos un poco por la zona para preparar el planning de los días siguientes.

Así que a la mañana siguiente nos dirigimos al aeropuerto de Manises donde nos espera nuestro vuelo de Easyjet a las 11:30h. Dos horitas y poco de vuelo, y sobre las 13:30h hora local llegamos al aeropuerto de Gatwick.

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Nos recibe un día gris con una fina lluvia, paisaje típicamente británico. Tal y como esperamos, al salir de la terminal, nos espera un hombre con el cartelito de Bruno entre sus manos. Bien, por lo menos tendremos una llegada tranquila. Así que tras montar en un microbús con algunas personas más, y tras casi dos horas de trayecto, llegamos a nuestro hotel, el Travelodge City Road. Como ya hemos perdido nuestro tour por el Londres más clásico, hemos decidido que nos vamos a dar una vuelta por el centro y ya de paso comprar las tarjetas Oyster que son las que nos han parecido más económicas para movernos por el transporte público de la ciudad. Son las 17:00h y aún tenemos tiempo.

Las distancias son muy grandes, por lo que el metro va a ser nuestro principal medio de transporte. La verdad que es muy rápido y en apenas unos minutos ya estamos en la estación de Waterloo. Y a un par de calles, el famoso London Eye, la grandísima noria que “todo lo ve”. La verdad que no hace demasiado frío y paseamos tranquilamente. Visto que las colas son inmensas, hemos decidido comprar las entradas de tipo preferente para el día 1 de enero. Son un poco más caras, pero vale la pena ya que así no haremos cola, y esta ¡puede llegar a ser de casi dos horas!

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A los pies del London Eye hay un pequeño parque en el que Xavi ha querido meterse a jugar un rato, por lo que hemos estado un rato allí para que disfrute, ya que desde esta mañana todo ha sido un poco aburrido para él. Bueno, todo no, ya que una vez más, el viaje en avión le ha vuelto a fascinar.

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Después de un rato, hemos decidido ir al hotel y cenar allí, ya que estamos algo cansados del viaje. Eso sí, antes hemos ido a ver (aunque un poco de lejos) el famoso Big Ben que reluce iluminado. Realmente es muuuy bonito. Lo veremos con más tranquilidad y cercanía estos días.

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Nos retiramos pronto ya que mañana el día también se avecina largo. Nos vamos a visitar Stonehenge. A las 08:30h debemos coger un autobús en la zona de Kensigton, el cual nos hará el tour por este mágico lugar. Así que sobre las 07:00h tocará levantarse para llegar con puntualidad británica, ya que en estas excursiones no esperan a nadie.

Autor entrada: brunete80

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