Stonehenge, Museo de Historia Natural, paseo por Harrods y cena en Chinatown.

Sabemos que cuando partimos de viaje, nos va a tocar dormir poco y caminar mucho. Es la parte más durilla de descubrir nuevos lugares. A cambio, nos llevamos la satisfacción de disfrutar de todos esos sitios que deseamos conocer. Así que hoy, cuando el despertador ha sonado a las 06:45h para irnos a visitar Stonehenge no nos ha costado demadiado levantarnos. Bueno, al pobre Xavi sí, aunque como le hemos dicho que va a subir a un autobús y vamos a ver unas piedras muy grandes enseguida se ha puesto en pie. El madrugón se debe a que no queremos tener ningún imprevisto, ya que a las 08:30h sale el autobús que hemos contratado de la empresa Terravisión para llevarnos al monumento.

Pues bien, a pesar de ir con bastante tiempo, nuevo susto. El taxista que nos debía llevar a la dirección del autobús, (un angoleño con poco dominio del inglés) ha empezado a dar vueltas sin hacer caso al GPS, de manera que pasaba el tiempo y parecía que no llegábamos nunca. Tal era la situación que Bruno ha tenido que empezar a indicarle al taxista donde girar en cada momento ya que éste no dominaba el GPS. Y finalmente, tras un gran estrés, hemos llegado justo a tiempo. 5 minutos más tarde y nos hubiésemos quedado en tierra. En fin, en este viaje no ganamos para sustos.

Así que tras subir al autobús y un “paseo” de casi dos horitas hemos llegado a nuestro ansiado destino. El lugar es una amplia llanura totalmente despejada de la campiña inglesa. Desgraciadamente para nosotros hace un día desapacible con mucho viento y una fina lluvia que va empapando poco a poco. Para visitar Sotehenge se entra en un complejo en el que aparcas tu vehículo en el parquing. Y tras la zona de entradas, debes tomar un microbús que te lleva a la zona monumental en un trayecto de apenas dos minutos. Durante este corto trayecto un cosquilleo nos recorre el estómago. Y finalmente, allá a lo lejos se vislumbra, interpérrito Stonehenge. 5000 años de antigüedad están a unos cuantos pasos de nosotros.

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Al acercarnos hemos podido comprobar que las piedras no son tan grandes como parecían en las imágenes que hemos visto miles de veces. Aunque eso da igual. Es asombroso pensar como nuestros antepasados pudieron transportar esas enormes piedras desde Gales (a muchos kilómetros de distancia) y colocarlas allí. Lo místico de Stonehenge es que no se sabe a ciencia cierta cuál era su función. Quizá tenía un carácter religioso, funerario, o incluso de observatorio astronómico. Esta es la teoría que suena con más fuerza y definitivamente parece ser que fue un templo para adorar al Sol y la Luna, astros que regían el ciclo de las estaciones. Un calendario que sabiamente observado permitía predecir la llegada de las estaciones en previsión de las actividades de los campesinos y domesticadores de ganado que se dieron el tiempo para edificarlo, y posteriormente también se convirtió en un sitio sagrado. Lugar de ritos funerarios como lo confirman los diversos restos desenterrados en diversas partes del recinto. El caso es que fue construido sobre el siglo XX antes de Cristo, por lo que estar allí y poder disfrutarlo vale la pena.

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El día es horrible y no para de soplar el viento en esta zona carente de montañas. Además las gotas de lluvia golpean nuestras caras con gran fuerza. Pero a pesar de ello nos resistimos de alguna manera a abandonarlo. Es una pena que haya tanta gente, ya que sería fantástico poder estar solos al atardecer y entrar entre las piedras que forman ese círculo sagrado. Pero bueno, eso no podrá ser. Al menos siempre podremos decir que hemos estado allí, y que hemos podido sentir algo de la magia que desprende el lugar. A partir de ahora, en las fotos de fondo de pantalla de nuestros ordenadores nosotros también apareceremos al lado de Stonehenge.

En total el viaje ha durado unas seis horas hasta que hemos regresado a Londres sobre las 15:30h. Nos ha costado 179 euros los tres (Xavi solamente paga el viaje en bus). No es especialmente barato, ya que yendo por libre en tren sale mucho mejor. Pero teniendo en cuenta los pocos días que vamos y que estamos con un niño pequeño, hemos cogido esta opción, ya que nos hacía ilusión descubrir este mágico lugar.

Al bajar del autobús nos hemos dirigido al Museo de Historia Natural que se encuentra justamente más adelante en la misma calle en la que nos encontramos. Vamos aún con tiempo y podremos entrar a visitar este museo muestra de la variedad animal de nuestro planeta, además de ver figuras de animales desgraciadamente ya extinguidos. Xavi ha disfrutado muchísimo con la visita, y ha alucinado especialmente con el Tiranosaurio Rex de la entrada y algunos animales como elefantes, cocodrilos…

A la salida de allí, ya es de noche. Siguiendo la misma calle se encuentran los famosos grandes almacenes Harrods. Son unas galerías muy lujosas en las que uno puede comprar de todo. Eso sí, la mayoría de sus productos son de alta calidad y con unos precios elevados. Así que hicimos poco más que mirar y hacernos alguna foto por allí.

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Tanto paseo nos ha dado hambre. Como aún nos encontramos con fuerza, entramos en la primera parada de metro que hemos visto. Nos apetece cenar en Chinatown, que se encuentra a un par de paradas de donde estamos. De paso, veremos este famoso barrio en el cual te sientes cual turista en Pekín. Todas las tiendas, restaurantes, decoración callejera, etc. son típicas. Entramos en uno de sus restaurantes y nos deleitamos con una buena cena china (nada que ver con los chinos que conocemos por España)

Finalmente y tras llenar el estómago el cansancio se ha apoderado de nosotros. Algo normal teniendo en cuenta las horas que llevamos sin descanso. Así que nos marchamos ya caminito del hotel a descansar. Mañana más.

 

Autor entrada: brunete80

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