Día en Bremen. Fin de viaje.

Ahora sí que sí ya sentimos que nuestro viaje llega a su fin. Nos vamos de Hamelín hacia Bremen, última parada de nuestra ruta y lugar de nuestro último cuento: “Los músicos de Bremen”. Un burro, un perro, un gato y un gallo que vieron entrelazados sus destinos para convertirse en músicos con destino a esta ciudad del norte de Alemania. Así como en cada lugar que hemos ido visitando a lo largo de los últimos días, nos hemos embarcado en la búsqueda de los personajes de nuestra historia de hoy.

Hemos llegado a buena hora a Bremen, prácticamente sobre las 11 hemos estado allí. Y como nuestro alojamiento es de entrada automática (apartamentos sin recepción) nos hemos dirigido directamente al centro aparcando nuestro coche en un parking. Porque al igual que en todas las ciudades que hemos ido viendo en este viaje, los centros históricos son totalmente peatonales, lo cual le da auténtica vida y nivelazo a toda la zona.

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Y más aún si llegas a un lugar del cual no te esperas demasiado y te encuentras una preciosa plaza central de esta belleza. Ya podéis imaginar que Bremen es una de esas ciudades. Con más de 1.200 años de historia palpables en el impresionante conjunto barroco-renacentista de la Plaza del Mercado y con el Ayuntamiento declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Bremen nos ha enamorado. Especialmente a Sonia que se ha quedado como 20 minutos al medio de la plaza con la cabeza levantada contemplando el paisaje.

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Todo el conjunto arquitectónico demuestra la importancia de la ciudad en los siglos XVII y XVIII sobretodo debido al comercio marítimo en la época de la liga hanseática. Completa además esta fantástica plaza la catedral de San Pedro a la cual hemos entrado para ver su interior.

Destaca también en el centro de la plaza la estatua de Rolando. Una enorme estatua de más de 10 metros de altura erigida para proteger la ciudad y mantenerla libre. Este coloso en piedra quedó emplazado en el mismo lugar en el se hallaba la estatua de madera de Rolando, quemada por el ejército del arzobispo Alberto II. Según dicen, tal es el poder de la figura que se guarda un repuesto en los sótanos del Ayuntamiento, para rápidamente poder sustituir el que hay expuesto, en el caso de que alguna fatalidad le sucediera, garantizando así nuevamente la libertad de la ciudad de Bremen. Es tal el sentimiento de adoración a Rolando que en el siglo XIX, los habitantes de Bremen consiguieron disuadir al mismo Napoleón de que se la llevara al Louvre y durante la Segunda Guerra Mundial la amurallaron completamente para protegerla de las bombas.

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La verdad es que la estatua es imponente y bien merecía inmortalizarnos junto a ella. Pero aunque Rolando es muy importante para los ciudadanos locales, nosotros íbamos en busca de otro tipo de estatua. La de nuestros cuatro animalitos de cuento: “Los músicos de Bremen”, que están muy cerca de donde nos encontramos, justo en una pequeña esquina al lado del Ayuntamiento.

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Esa estatua sí que les ha hecho especial ilusión a nuestros niños ya que han podido saludar los últimos personajes de cuento que íbamos buscando. Y con la foto en el bolsillo pero con el estómago vacío nos hemos sentado a comer en una de las múltiples terrazas que hay por allí. Tampoco hemos ido a un lugar demasiado especial. Una ensalada y unas tortas de pan (una especia de pizza) con carne nos han valido.

Perfecto para descansar un poco las piernas antes de callejear un ratito más por esta bonita ciudad. Las calles aledañas a la plaza central también merecen ser visitadas ya que algunas de ellas guardan algún que otro detalle curioso o que vale la pena.

Así ha ido pasando la tarde hasta que nos hemos ido hacia nuestro último alojamiento del viaje. Un apartamento sin demasiado lujo pero con lo justo para darnos una ducha y poder cenar y dormir tranquilamente. Está algo alejado del centro, cerca del Weserstadion, el campo de fútbol del Werder Bremen. De todos modos la zona es tranquila así que paseando hemos acabado el día por allí, prácticamente a la orilla del río en unas amplias zonas de césped donde nos hemos relajado un rato apurando nuestras últimas horas en Alemania.

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Mañana nos levantaremos pronto para hacer una horita de coche hasta el aeropuerto de Hamburgo, ciudad desde la que sale nuestro avión. No vamos a poder parar a verla ya que nos iremos algo justos de tiempo. Así que quizá en otra ocasión. Nuestro viaje ha llegado por tanto así a su fin. En líneas generales ha cumplido los objetivos que nos habíamos propuesto. Aunque esto lo explicaremos mejor en el próximo post, el de las conclusiones del viaje.

Autor entrada: brunete80

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