El Coliseo de Roma.

Tal y como dice el título de esta entrada, hoy nuestro día en Roma ha girado en torno al Coliseo, antiguamente llamado Anfiteatro Flavi. Tras dos largos días con largas caminatas en los que hemos estado sin parar para ver los diferentes lugares que nos habíamos marcado como objetivo, hoy nos hemos tomado el día más tranquilamente con la única meta de visitar el gran símbolo de Roma, el Coliseo.

Nos hemos levantado y hemos desayunado en una cafetería cercana a nuestro alojamiento. Como ya hemos comentado en otras entradas, Roma es una ciudad en la que prácticamente todo lo turístico e histórico está relativamente cerca, por lo que paseando se puede llegar a los sitios. Nada comparado con las enormes ParísLondres Así que de este modo nos hemos ido acercando a los vestigios de la Roma Imperial. Para llegar hacia allí hemos pasado por delante del monumento a Víctor Manuel y dejándolo a un lado enfilamos calle abajo donde ya se pueden ir viendo algunos restos de lo que fue el centro neurálgico de la capital del Imperio.

Columnas, arcos, estatuas, restos antiguos de la ciudad… te van sumergiendo y adentrando en lo que fue este lugar. A algunos les parecerá ver solo piedras (eso dice algún amigo mío) pero para los que somos apasionados de la historia nos resulta fascinante imaginar cómo fue Roma durante los años de su máximo esplendor. Un esplendor que tuvo su máxima expresión en el Coliseo, al cual llegamos tras pasar ante el palatino y el antiguo foro que visitaremos mañana.

Tal y como nos íbamos acercando, se iba apoderando de mí la emoción de poder ver por fin esa maravilla de la antigüedad. La misma sensación que sentí al estar a punto de ver la Acrópolis de Atenas (http://elviajedeloselefantes.com/viajes/rondo-veneciano/atenas-fin-de-viaje/) o el increíble Stonehenge británico (http://elviajedeloselefantes.com/fines-de-ano/2015-londres/dia-2-stonehenge-museo-de-historia-natural-paseo-por-harrods-y-cena-en-Chinatown/).

Es una sensación especial la de poder estar al fin ante uno de esos lugares que tantas veces has visto en la TV, revistas o fotos y que parece que nunca vayas a poder disfrutar en 1a persona. Eso es lo más mágico de poder viajar, el hecho de poder descubrir lugares los cuales creías que solo existían en papel o detrás de una pantalla. Y por fin podía estar allí.

Sonia no sentía esta emoción ya que ella pudo estar aquí hace unos años con su madre en una visita exprés al hacer parada en Roma su crucero por el Mediterráneo. Aunque solo lo había visto por fuera, por lo que aún le faltaba una buena parte por ver.

Es aconsejable comprar las entradas con pase preferente que aunque son un poco más caras valen la pena (16 euros). Roma es una ciudad que está siempre llena de turistas por lo que las colas pueden se interminables. Así nos evitamos hacer mucha cola y en pocos minutos nos adentramos en las entrañas de este coloso. Y con Xavi y Àlex durmiendo la siesta nos hemos lanzado a visitarlo con relativa calma.

Inaugurado en el año 80 d.C. y con capacidad para 50.000 espectadores el Coliseo era el escenario de grandes acontecimientos sociales en la Roma de los emperadores. Luchas de gladiadores y animales, representaciones teatrales e incluso batalles navales (naumaquias) eran los eventos más comunes. El interior da muestras de una compleja organización arquitectónica con multitud de entradas y vomitorios para la perfecta organización del público. Y aunque hoy y tras tanto tiempo muchas de las cosas ya no están o están en ruinas, aún se puede ver e imaginar al mismo tiempo cómo eran sus espectáculos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Nos lo hemos pasado en grande y disfrutado muchísimo por su interior. Como suelo decir siempre, una de las cosas que más me gusta es transportarme a la época de los lugares que visitamos y tratar imaginar cómo era entonces. Las cosas que se hacían, cómo se comportaba la gente. Esta es una de las cosas que más me apasiona.

En este caso imaginar desde lo alto del Coliseo como el emperador ocupaba las primeras filas de asientos en el ala sur del edificio. Y como tras él los sacerdotes, magistrados y senadores se situaban en la primera tribuna, mientras que por encima de ellos, los aristócratas, ciudadanos adinerados, pobres y mujeres, en un riguroso orden. Entrada gratuita para todo el público el cual llegaba ávido de grandes espectáculos.

El interior no está en una gran estado de conservación debido a terremotos, siglos de abandono y pillaje y uso a partir de la Edad Media para fines diversos (templo pagano, almacén, fortaleza o cantera). Y aunque se ha destruido gran parte de la estructura, esto no ha conseguido despojarla de su majestuosidad. Aún se pueden ver los restos de su complejo entramado de túneles subterráneos, rampas y ascensores los cuales dos mil años después continúan sorprendiendo al mundo entero.

Los espectáculos del Coliseo de Roma, que toma su nombre de una antigua estatua de bronce de grandes proporciones conocida como el Coloso de Nerón y situada a poca distancia, tenían habitualmente las luchas y la violencia como protagonistas. Alrededor de 400.000 hombres y un millón de animales, entre los que se encontraban leones, tigres, hienas, elefantes, cebras, osos o jirafas, murieron en la arena ante la sed de sangre de un público enloquecido. Las crónicas relatan luchas épicas entre fieras como la que ordenó el emperador Probo en el siglo III, en la que se enfrentaron más de medio millar de leones, leopardos y osos a la vez. Un pasado bastante sanguinario para nuestros días pero que forma parte de las costumbres de la época.

El anfiteatro romano mejor conservado se halla en Túnez, concretamente en El Djem, lugar donde se rodó la famosa película Gladiator y que Sonia visitó hace unos años y explica muy bien en su diario de viaje:

“Me llamo Máximo Décimo Meridio” – El Djem.

No podíamos finalizar la visita sin dar una vuelta por los exteriores de esta joya e inmortalizarnos ante ella. Posiblemente el mayor atractivo de la ciudad y que personalmente no me ha defraudado. Tachamos pues otro de los grandes lugares de nuestro enorme planeta de los que uno quería ver antes de morir.

Si Roma es llamada la ciudad eterna es por muchas cosas, pero sin lugar a dudas una de ellas es el Coliseo. Así que para finalizar con el relato de este día nos gustaría citar al historiador Beda el Venerable que en el siglo VIII ya predijo:

«Mientras siga en pie el Coliseo, seguirá en pie Roma. Cuando caiga el Coliseo, caerá Roma. Cuando caiga Roma, caerá el mundo».

Autor entrada: brunete80

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *