“La casa que se quedó vacía”.

Visitar la casa donde la niña Anna Frank se ocultó de los nazis junto a su familia y siete personas más, fue para mí la visita más conmovedora en Ámsterdam. Lo que más me impactó fue la entrada secreta (original) detrás de la librería, la pared donde están marcadas las distintas alturas de los niños al crecer al largo de esos dos años y el diario original expuesto en una de las salas. La primera vez que leí el diario de Anna Frank fue cuando tenía 14 años, y si este relato ya me impactó de por sí, adentrarse en la parte de atrás de la casa donde se escondieron es verdaderamente conmovedor.

Tal vez hubieren podido recrear la casa tal cual estaba, pues las estancias están totalmente vacías,. Esto se debe a un homenaje que Otto Frank, el padre de Anna y único superviviente de la casa, quiso realizar a todos los judíos que nunca volvieron dejando un gran vacío. Pero aún y así, visitar aquellas estancias te hacen una idea de lo que pudieron sentir durante aquel tiempos sus inquilinos. Debió ser duro, muy duro estar allí escondido, sin poder salir ya que de hacerlo, su destino iba a ser realmente trágico. Aunque desgraciadamente no les hizo falta ya que alguien les delató y finalmente los nazis los detuvieron y fueron a parar a distintos campos de concentración donde todos a excepción de Otto acabaron muriendo. Un triste final para esta historia tan conmovedora. Realmente es una historia más de las miles y miles que dejó la segunda guerra mundial, aunque el hecho de haber leído el diario de Ana y conocer las sensaciones que ella vivió en esa casa, te dan un sentimiento de empatía especial.

Una historia que se debe contar para que todos sepamos qué es lo que pasó, y para que no vuelva a ocurrir nunca más.

Ámsterdam, 23 de julio de 2015

Sonia

Autor entrada: Sonia Bellver

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