Túnez, el arte del regateo.

Este día nos levantamos prontito, pues no quisimos dejar pasar la oportunidad de visitar la capital y el famoso pueblo de Sidi Bou Said. Como hicimos muy buenas migas con varias personas a las que conocimos en el circuito, decidimos reservar un “louage”, que es como se conoce al transporte colectivo muy común en Oriente y que nos trasladaría por los distintos lugares.

La Medina y el Zoco

En primer lugar fuimos a visitar fue la Medina de Túnez. Dentro de ésta se encuentra lo que muchos dicen ser uno de los principales atractivos del país, los zocos.

Adentrarse por sus caóticas y laberínticas callejuelas repletas hasta el milímetro de tiendas y productos es el escaparate perfecto desde donde los tenderos tunecinos realizan el arte de vender, y tienen la capacidad de conseguir que rápidamente te conviertas en su víctima si te paras 0,01 milisegundos a mirar un producto. Agobiante. Si quieres comprar en el zoco y no sabes regatear, olvídate. Eso es un arte que pocos dominan. También hay que tener en cuenta que si quieres comprar algún recuerdo de calidad, el zoco no es el lugar apropiado. Antiguamente los zocos estaban distribuidos por gremios y se podían encontrar buenos artículos, hoy con la fiebre del souvenir “bueno, bonito y barato”, la calidad de los productos deja mucho que desear. Ni todo lo que parece piel es piel, ni todo lo que brilla es plata bereber, ni todo lo que parece tunecino es tunecino (cuidado con el made in China), y por supuesto, ni todo lo que parece barato lo es tanto. Recuerda estos consejos antes de adentrarte:

    1. Ten claro lo que vas a comprar, si los tenderos ven que dudas, estas perdido.
    2. Cuando un tendero te diga que entres a su tienda, nunca lo hagas si no es para comprar y mucho menos cojas el producto que te dé. Si lo haces, no habrá superficie disponible en la tienda para poder dejar el objeto y mientras lo tengas en las manos y vas buscando hueco para dejarlo (que es misión imposible) al tendero le dará tiempo a torturarte con todos los productos de la tienda.
    3. Mucho cuidado con las shishas, popularmente llamadas cachimbas, muchas veces te venden gato por liebre y solamente sirven para decoración y no para fumar, al igual que con los adornos de los platos, teteras y vasos de té que se borran al primer lavado.
    4. Brutal regateo: la negociación de Túnez es la más agresiva comparada con Marruecos y resto de países árabes, de modo que el precio de salida por el que tendremos que empezar a bajar es mucho más alto. Los tenderos resultan ser también pitonisos, por lo que sin abrir la boca ya saben que eres española. El precio de salida que te va a determinar el tendero se va a ver influido por aspectos como el modo en que vas vestido, tu acento, la determinación con que rechaces su oferta, con el interés que muestras en el producto, etc.
    5. Pagar con dinero en efectivo: allí no se puede pagar con tarjeta y tampoco es que vayamos a encontrar muchos cajeros automáticos. Es recomendable no llevar carteras abultadas, por lo que es mejor dividir el dinero en varias partes.

Suerte y al toro!

Después de esta agobiante visita, partimos hacia el Museo Nacional del Bardo. Es el museo más famoso que posee la ciudad y que se encuentra en el barrio del Bardo, a las afueras de la urbe. El museo que consta de 3 plantas era el lugar de residencia de los sultanes hafsidas en el siglo XIII, hoy reconstruido en museo presenta una gran variedad de piezas arqueológicas que reflejan gran parte de la historia de Túnez, también hay expuestas obras griegas, cerámica africana y asiática, así como arte cristiano e islámico.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Pero el tesoro más importante que alberga es una de las mejores y más deslumbrantes colecciones de mosaicos del mundo, pertenecientes al periodo comprendido entre los siglos II y VI d.C., eso sí, dispuestas de forma caótica sin ningún criterio y para nada didáctico. Entre las obras maestras se encuentra “El Triunfo de Neptuno”, de 13×8 metros del siglo II y que sus medidas le otorgan el título de ser el mayor mosaico vertical del mundo. El museo en sí es un cruce de muchas culturas a lo largo del tiempo. Merece la pena visitarlo si disponéis de tiempo.

Entre la Medina y el museo, nuestras tripas ya rugían de hambre, por lo que volvimos dentro de la ciudad a buscar un buen restaurante para degustar esa comida típica bereber tan “light”…

El cuscús estaba de muerte pero, ¡ojo! no os extrañéis si no os ponen cubiertos, puesto que lo común es comérselo con las manos.

Ya por la tarde, fuimos a visitar la joya de la corona, Sidi Bou Saïd, lo podéis leer en el siguiente post, que esta visita bien se la merece.

Autor entrada: Sonia Bellver

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *