Atenas, fin de viaje.

Tras una semana de viaje hoy llegamos a nuestro último destino, Atenas. Una mezcla de pena e ilusión se entremezclan entre nosotros. Pena porque nuestra luna de miel va tocando a su fin, pero al mismo tiempo ilusión de poder visitar hoy esta mítica ciudad. Y también ilusión por la nueva vida en común que nos espera juntos. Una vida esperemos llena de viajes, aventuras y sueños que cumplir.

Nos levantamos y arreglamos nuestras maletas ya que hoy realizaremos la excursión de la naviera ya que pensamos que es lo más cómodo debido a los diferentes sitios que hay que ver en Atenas. Además, contar con las explicaciones de un guía siempres es un punto a favor. Cuando volvamos al barco prácticamente ya será hora de coger el autobús que nos llevará hacia el aeropuerto.

Un autobús nos iba a llevar por la capital griega para conocer un poco más su historia milenaria y poder contemplar sus restos arquitectónicos. La primera parada de nuestro completo día la realizamos en el estadio Panathinaiko, el antiguo estadio olímpico. Este recinto albergó la primera edición de los juegos olímpicos de la era moderna en 1896.

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El estadio está construido íntegramente con mármol blanco y tiene una capacidad de 60.000 espectadores. En la actualidad solamente alberga conciertos y algún otro tipo de actos, como por ejemplo la celebración de la victoria de la selección griega de fútbol en la Eurocopa de Portugal del 2004. Pero lo más interesante es que se sitúa justamente sobre el antiguo estadio Panathinaiko, edificado en el año 330 a.C bajo el gobierno de Licurgo. Ya en aquella época, los atletas se entrenaban con gran espíritu deportivo para disciplinas de lo más dispares como la lucha, lanzamiento de jabalina o disco, carreras de carros, la música, la danza o la poesía. Además otra de sus curiosidades es que desde su emplazamiento hasta Marathon hay exactamente 42.195 metros. Justo la distancia que según la leyenda recorrió el soldado Filípides desde Marathon a Atenas para anunciar la victoria griega sobre el ejército persa. Al llegar a su destino el soldado solamente pudo articular la palabra “niké” (victoria) antes de caer desplomado y morir exhausto. Esta leyenda se convirtió en el inicio de la famosa carrera del maratón en la que los atletas recorren esos 42 km tratando de emular al famoso Filípides.

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Estar en ese estadio con tanta historia sobre sus bloques de mármol nos hacía sentir como unos privilegiados, en especial a Bruno, fan del deporte y apasionado de los Juegos Olímpicos. Aunque ese pedazo de historia era poco al lado de lo que íbamos a ver en minutos, la famosa Acrópolis de Atenas, obra culmen de la civilización clásica helena. Pensar en ello nos producía cierto vértigo. Estábamos a punto de pisar unos de los lugares con más historia de la Tierra.

La palabra acrópolis significa “ciudad en lo alto”, y como tal, está edificada sobre un pequeño monte que hay en Atenas. En la Atenas de Pericles, durante la segunda mitad del siglo V a.C., un grupo excepcional de artistas transformó, bajo la dirección de Fidias, esta colina rocosa en un extraordinario conjunto arquitectónico y artístico que la Grecia antigua legó al resto del mundo. El autobús nos deja en el aparcamiento que hay debajo de la Acrópolis. Desde allí, nada más levantar la cabeza arriba se muestra imponente el Partenón. Nuestros corazones se aceleran y las ganas de subir allí se multiplican.

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Nuestros pasos se elevan hacia lo alto de la colina. Pocos metros después nos encontramos en la entrada. Unas monumentales columnas nos dan la bienvenida. Esta puerta de entrada se llama “Propileos”. La magnitud de las columnas son simplemente el preludio de lo que hay dentro del recinto.

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Y ya por fin entramos en los 270 x 85 metros los cuales posee la colina. Por toda ella hay restos de antiguas columnas, pero el primer lugar en el que se fijan nuestras miradas es en nuestra derecha, donde se alza majestuoso el “Partenón”, sin lugar a dudas la joya de la corona de la arquitectura clásica griega. La verdad es que no hay palabras para explicar como es. Durante unos instantes nos quedamos en silencio para admirar su belleza, su magnitud. Este templo es la obra culmen de la Acrópolis y fue edificado para albergar y cobijar la estatua de “Atenea Parthenos”, una estatua de más de 12 metros de altura. Está fabricado íntegramente en mármol, y aunque le faltan partes de su construcción, aún se puede ver su estructura rectangular y su diseño. Estamos hablando de una construcción del siglo V a.C., por lo que los restos que hay tienen mas de 2500 años de antigüedad. Además de los años, las diferentes guerras y varias ocupaciones lo degradaron. Durante el dominio turco fue utilizado como polvorín, y desgraciadamente en 1687 una bomba cayó en su interior destruyendo parte de su estructura. Así pues, podemos decir con total certeza que es una auténtica suerte que aún se conserve una parte y podamos disfrutar de ella. Mucha gente considerará que allí solamente hay piedras antiguas y poco más. Pero nosotros pensamos que es apasionante estar allí y poder imaginar como fue aquello en su época de máximo esplendor.

Pero la Acrópolis era algo más que el Partenón. También tenía otras construcciones, como por ejemplo el templo de Atenea Niké, el cual se construyó para conmemorar la victoria ante los persas en la batalla de Salamina. Su interior albergaba una escultura de Atenea Niké (símbolo de la victoria) a la cual se le cortaron las alas para que no abandonara nunca de Atenas. Se encuentra un poco mejor conservado que el Partenón y sigue su mismo estilo arquitectónico.

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Otra de las construcciones es sin duda el Erecteion, lugar de culto más importante de la Acrópolis. Según la mitología griega este templo se erige en el mismo lugar donde tuvo lugar la disputa entre la diosa Atenea y Poseidón por ser el patrón de Atenas. En una de sus rocas pueden verse las señales que dejó el tridente de Poseidon y en el exterior se encuentra el olivo sagrado, regalo de Atenea a los atenienses. Su interior albergaba una estatua de madera de Atenea que se decía que era un regalo de Zeus caído del cielo.

Y en uno de sus lados podemos encontrar la famosa tribuna de las Cariátides. Las Cariátides son unas columnas de 2,3 metros con forma de mujer que simbolizan a las mujeres de Caria (ciudad de Esparta que colaboró con los persas en la guerra contra Atenas) esclavizadas y obligadas a soportar el peso del templo. Las Cariátides miran en dirección al Partenón, y las que vemos allí son réplicas. Las originales se encuentran en el museo de la Acrópolis menos una que se encuentra en el British de Londres (luego hablaremos del expolio de los ingleses y franceses a Grecia).

Si nos movemos hacia la derecha del Partenón, podemos ver construido junto a la ladera el Odeón de Herodes Atico, un magnífico teatro antiguo. Construido con el techo de madera servía para oír audicciones musicales. Tenía una capacidad para 5000 personas. Hoy en día ha sido restaurado y se utiliza para representaciones dramáticas y musicales.

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Al moverse por la Acrópolis y llegar a sus extremos uno se siente poderoso. Desde allí alto se puede contemplar toda la ciudad y sus alrededores. Si ya impone tanto desde arriba como desde abajo en la actualidad, no cabe duda que en la Edad Antigua este lugar sagrado fuese tan querido para los atenienses.

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Es normal que aquel lugar fuera tan venerado por los griegos antiguos, deseado por otros países. Símbolo de un país, de una era, la Acrópolis representa el máximo exponente de la civilización helena, madre de la filosofía, creadora de los valores democráticos que rigen hoy en día nuestra ciudad. Tierra de Platón, Aristóteles, Pitágoras, Sócrates, Fidias, Sófocles…

Ha sido sin duda hasta ahora el mejor lugar que hemos visitado en nuestra vida, y va a ser difícil encontrar un lugar que al menos lo iguale. Tanto por su magnificencia como por el significado histórico del lugar. Eso sí lo buscaremos en nuestros próximos viajes.

Y para concluir con la Acrópolis dejamos una imagen de como sería en su día aquel fantástica colina.acropol-1

Al descender de tan gran sitio solamente nos quedaba la visita al Museo Arqueológico Nacional de Atenas. En él se hallan únicamente algunas obras de la Grecia antigua. Y decimos únicamente porque las más fantásticas obras se encuentran en otros lugares del mundo, sobretodo en París y Londres. Tanto franceses como ingleses arrebataron gran cantidad de reproducciones artísticas de Grecia (y de muchos otros países del mundo) para exhibirlas en sus museos. Se trata de un grave expolio a un país, a una civilización que tuvo y tiene que soportar como sus objetos de más preciado valor se encuentran a miles de kilómetros de su hogar. Obras como la Venus o La Victoria de Samotracia forman parte de ese catálogo. Pero en fin, es lo que nos ha dejado la historia por lo que a pesar de ello, nos adentramos en el museo para conocer también otras obras igual no tan famosas pero también de gran valor. Destacan la escultura “Afrodita, Eros y el pan” y también la hecha en bronce de un Dios el cual no se sabe con certeza si se trata de Zeus o Poseidón ya que le falta el objeto que poseía (o bien un rayo o un tridente).

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Ya por la tarde el autobús nos llevó hacia el centro para dar una pequeña vuelta y hacernos con algún que otro souvenir. Aprovechamos para comprar el recuerdo que decorará nuestra buhardilla, una columna griega con la famosa escultura de la Venus de Milo. Y además pudimos observar el famoso cambio de guardia de los soldados griegos en la plaza Sintagma, ante la tumba del soldado desconocido delante del parlamento griego.

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Ésta iba a ser la última postal de nuestro viaje. Después de un día completito y agotador volvimos al barco a esperar el autobús que nos llevaría hacia el aeropuerto. Nos hicimos  la última foto. En ella se nos ve cara de cansados pero al mismo tiempo felices. Un torrente de satisfacción recorría nuestro cuerpo. Todo lo que buscábamos de este viaje se había cumplido. Cultura, historia, momentos de relax… Y amor, mucho amor.

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Nuestra luna de miel acaba aquí. A partir de ahora escribiremos los relatos de nuestros próximos viajes como “marido y mujer”.

FIN

Autor entrada: brunete80

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