A la caza del espejismo – Touzer-Douz.

Siguiendo nuestra ruta, nos trasladamos a conocer el estilo de vida de una familia beduina, son los llamados ‘moradores del desierto’. Existen tres clases diferenciadas de beduinos y esta familia que visitamos está considerada como “la verdadera”, pues son pastores nómadas que se trasladan por todos los rincones del desierto. Su hogar son tiendas bajas en forma rectangular que los protegen de ventiscas y a la que se anexan un vallado que ocupa su rebaño de ovejas. Allí, viví experiencias tan curiosas como beber leche de dromedaria recién ordeñada, su sabor era muy parecido a la horchata valenciana pero… calentita. También nos enseñaron como hacían su famoso pan plano circular, para ello cavaron un agujero en la arena y encendieron dentro una fogata, dejaron la porción de masa del plan encima, luego taparon todo con arena hasta hacerlo desaparecer. Pasados unos minutos lo desenterraron hasta encontrar el pan que ya estaba listo para comer pero antes a manotazos le quitaron los restos de arena. Cogí una porción para probar y estaba buenísimo!!!

Después de esta curiosa visita nos trasladamos rumbo al lago salado Chott el Jerid y poder comprobar de primera mano el fenómeno de espejismo. Un espejismo no es más que una ilusión óptica en la que los objetos lejanos aparecen reflejados en la superficie creando una falsa superficie liquida. En Túnez existen tres desiertos. El primero, el que siempre nos viene a la mente cuando hablamos de ellos, el del Sáhara, es el mayor en extensión del planeta y está formado por una finísima arena blanca. El segundo, el de Matmata, muy árido y conformado por rocas y escasa vegetación puesto que se ve influido por los ardientes vientos del Sahara. Y el tercero es en el que nos encontramos, Chott el Jerid, el desierto de sal donde el horizonte parece no tener fin.

Este desierto se formó al elevarse el terreno que lo unía sobre el mar y al reflejarse la luz del sol en la sal marina del suelo produce un efecto cegador que tiñe el horizonte de blanco creando una curiosa visión. Llama la atención los barcos abandonados que se encuentran por el chott, los montones de sal marina, las torres y esculturas hechas con sal y el único puesto de souvenirs aparecido como de la nada. Este lago vuelve a ser escenario de la Guerra de las Galaxias, aquí se tomaron escenas como los paseos de Luke Skywalker a bordo de su vehículo volador o la magnífica escena de los dos soles.

Después del Chott nos dirigimos rumbo al hotel para prepararnos para el último evento del día. Después de una duchita rápida, nos vestimos para la ocasión para asistir a una cena típica tunecina donde disfrutamos de danzas acompañadas de la música con tambores y de un espectáculo con caballos, camellos y dromedarios, alguno de ellos albinos. ¡No os imagináis lo rápido que corren! La cena tunecina se sirvió dentro de una haima grandísima y sentados en banquetas con mesas largas. Había un tunecino que realizaba tatuajes con henna y me animé a hacerme uno en el cuello junto con otra chica. El tunecino nos explicó que para ellos el cuello era una zona erógena y no podía realizar el tatuaje a la vista de todos, así que fuimos detrás de la haima y después de unos minutos aparecimos con una obra de arte pintada en el cuello que a los pocos días desapareció.

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Autor entrada: Sonia Bellver

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