Castillo de la Cenicienta y Hamelín.

Hoy también ha sido una buena jornada en esta ruta por los cuentos de los hermanos Grimm que desgraciadamente ya va viendo su final. El tiempo alemán está siendo benévolo estos últimos días y nos sigue regalando jornadas soleadas y con buenas temperaturas. Perfecto para ir en busca del castillo del Cenicienta esta mañana, que es lo que hemos hecho tras levantarnos y desayunar. Polle (el lugar donde se sitúa nuestra historia de hoy) es otro de esos pueblos encantadores que hemos ido viendo a lo largo de nuestro viaje.

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Todos conocéis la historia de la Cenicienta, la joven que fue maltratada por su madrastra durante mucho tiempo. Hasta que su hada madrina la vistió con sus mejores galas para ir a la fiesta que daba el príncipe y poder participar en el baile real. El resto de la historia es aún más conocido: el famoso zapato de cristal perdido a las 12 de la noche cuando acababa el hechizo del hada madrina.

Pero cabe decir que esta historia no es la auténtica de los hermanos Grimm. Lo que pasa es que la factoría Disney nos “transformó” un poquito el cuento para hacerlo más entrañable y atractivo para los niños. En realidad cuando a las hermanastras de Cenicienta no les entró el zapato de cristal, su madre les cortó los dedos para poder así caber su pie en este zapato. Y desgraciadamente para ellas la artimaña no les funcionó y se quedaron sin dedos y sin príncipe.

Pues bien, hasta el castillo donde transcurrió la historia nos hemos ido. Cabe decir que lo que queda del castillo son unas pocas ruinas. Está en una pequeña colina desde la cual se divisa el bonito paisaje (con el río Wesser como protagonista) en su punto más alto. Y aunque prácticamente ya no queda nada, hemos entrado a visitarlo y buscar de paso si había algún elemento que nos mostrase que allí tuvo lugar el baile entre el príncipe y Cenicienta.

Y tras dar una vuelta por lo que queda del castillo finalmente tropezamos con esto…

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Allí estaba. El zapato que se dejó Cenicienta en su huida a las 12 de la noche. Un zapato que recogió el príncipe y con el cual buscó a su dueña probándolo en los pies de todas las jóvenes chicas de los alrededores, hasta que finalmente encajó en el pie de Cenicienta.

Y si no lo estáis pensando ya, que sepáis que Sonia también se lo quiso probar pero… desgraciadamente para ella, el zapato no le entró.

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Y una vez finalizada la historia de la Cenicienta nos hemos ido a Hamelín donde ya comeremos y acabaremos el día. No hace falta que os digamos a qué vamos a la ciudad de Hamelín. Aunque para los más despistados solo les diremos que por allí hay un famoso flautista cuya historia es conocida en todo el mundo. Poco más de media hora y llegamos a nuestro destino. Una pequeña ciudad que en principio se ve bastante interesante.

Con un centro histórico adoquinado y todo peatonal, Hamelín ha sabido aprovechar la fama de su cuento para hacer de ello un potente atractivo turístico. Cualquier rincón o esquina de la ciudad te recuerda la historia del flautista que acabó con la plaga de ratas que inundaba la ciudad. De hecho se puede seguir un camino por los lugares más famosos del centro siguiendo un rastro de ratas a través de las baldosas del suelo.

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Pero no solo eso. En el campanario de Hamelín, cada vez que son las 12 del mediodía se puede ver una pequeña representación del cuento a través de unas figuras mecánicas que salen de la fachada al son de una bonita música.

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También hay un museo, estatuas varias y varios edificios con motivos del flautista o de los famosos roedores. Todo en Hamelín gira en torno a este cuento de los hermanos Grimm. Por supuesto que hemos dado la vuelta por todo este centro peatonal para fotografiarlo todo y también comer en una de las múltiples terrazas que hay por todas las calles.

De los diferentes destinos que hemos visitado durante nuestro viaje por tierras alemanas esta ciudad ha sido una de las más encantadoras. Especialmente porque han sabido potenciar el cuento del flautista, ya que sin eso se quedaría en una ciudad coqueta sin más. Pero nuestros niños se lo han pasado en grande buscando ratas por el suelo, además de encontrar al protagonista de un cuento que se conocen de memoria. Así que como a ellos les ha encantado, a nosotros también.

Y ya algo cansados de estar todo el día por la calle nos ha apetecido retirarnos en nuestro alojamiento a media tarde. Queríamos relajarnos un rato y darnos una ducha calentita. Además una vez pateado todo el centro tampoco hay mucho por ver y por si esto fuera poco a las 17:00h cierra prácticamente todo, así que la decisión ha sido sencilla. Retirada a este comodísimo apartamento el cual está solo a 10 minutos caminando del centro. Ha sido una gran elección. Mañana vamos el último gran destino de este viaje. La ciudad de Bremen, el lugar donde fueron los famosos músicos a hacer fortuna. Veremos si también los podemos encontrar…

Autor entrada: brunete80

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