Día de ruta hasta los acantilados de Moher.

Hoy hemos continuado nuestra ruta por el oeste de Irlanda que tanto nos está fascinando. Esta mañana hemos partido de Galway no sin antes parar por su bahía. Queríamos ver el “Arco Español” el cual fue construido en honor a la amistad y empatía que existió hace un tiempo entre irlandeses y españoles. El constante flujo de barcos españoles, la animadversión a los ingleses y el catolicismo ante el protestantismo unió a ambos pueblos contra la corona inglesa. El arco formaba parte de un muralla construida para proteger a los barcos que atracaban en la bahía.

El “Arco Español” es la puerta de salida al océano Atlántico. Dicen que en esa zona se inspiró Cristóbal Colón durante su visita en el año 1477 para preparar el viaje hacia las indias y demostrar que la Tierra era redonda. Un pequeño monumento recuerda aquellos hechos.

De manera similar al día de ayer nos hemos vuelto a tropezar con algún que otro lugar de postal en el cual no nos hemos podido resistir a parar. Nos ha llamado la atención el asentamiento monástico llamado Kilmacduagh fundado en el siglo VII por San Colman MacDuaghl.  Destaca un torreón de forma cilíndrica y la catedral de Teampall alrededor de la cual había un enorme cementerio en el que destacaban las enormes cruces celtas. De hecho hemos visto algún que otro turista como nosotros e incluso un microbus que se ha acercado a visitar aquel lugar.

Después nos hemos dirigido a otro de los parques nacionales de Irlanda, “The Burren”. Textualmente “lugar pedregoso”, The Burren es una zona con un peculiar paisaje de piedra caliza en el que crece la flora de manera especial entre las interminables grietas de piedra. Esto hace que debido a las múltiples lluvias del país se formen lagos durante varias épocas al año.

Personalmente este lugar no nos ha parecido nada del otro mundo. El paisaje no es tan especial como otros que hemos visto los días anteriores y además para llegar con la autocaravana ha sido un poco complicado ya que la carretera es bastante estrecha y en algún tramo ha sido bastante difícil circular, especialmente al cruzarnos con algún otro vehículo. Aunque nuestros niños han podido jugar un durante un buen rato por este paisaje rocoso, no repetiríamos esta visita y posiblemente habríamos aprovechado para conocer otro sitio.

Así que algo decepcionados nos hemos ido en busca de quizá el lugar más famoso y fotografiado de la isla. Supongo que sabréis que estoy hablando de los acantilados de Moher, la visita TOP del país ya que cuando uno piensa en Irlanda se le viene a la cabeza la imagen de ese coloso de roca esculpido por la fuerza del océano Atlántico. Y prueba de ello ha sido la tremenda cantidad de gente que había a las 13:30h cuando hemos llegado allí. De manera similar a nuestra visita a la Calzada de los Gigantes, el aparcamiento estaba completo y era totalmente imposible entrar para hacer la visita. Así que improvisando y sobre la marcha hemos decidido continuar carretera abajo en dirección al puerto que se ve puede ver desde lo alto de los acantilados. Y ha sido todo un acierto ya que apenas 10 minutos después hemos llegado a la bahía de Liscannor, un bonito pueblo pesquero en el cual hemos detenido la autocaravana para comer y hacer tiempo para visitar más tarde los acantilados.

Tal y como habíamos planeado, al volver a subir desde Liscannor hacia los acantilados de Moher el parking estaba ya medio vacío y hemos entrado con mucha tranquilidad. Al igual que por la ruta de la Calzada del Gigante, las excursiones y grandes grupos suelen visitar estos sitios por la mañana, por lo que lo más recomendable es dejar pasar el día y llegar a partir de las 16:00h cuando ya se han ido y no hay tanta afluencia de gente. Una vez se aparca solo hay que dirigirse al centro de visitantes al otro lado de la carretera y ya desde allí ir subiendo unas escaleras que nos llevan a los mismos acantilados. Como hacemos tantas veces, nosotros ya llevábamos las entradas compradas con antelación. Así evitamos las colas de la taquilla y simplemente mostramos el voucher y pasamos directamente a las visitas.

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Y la espera ha merecido la pena. Sin ninguna duda los acantilados de Moher merecen ser el sitio favorita de Irlanda, el lugar de portada cuando uno ve un libro o folleto sobre el país. Con sus más de 200 metros de altura (nada que ver con los 1.500 metros del Thumbnail en Groenlandia o de los más de 600 del gallego Vixía Herberia) son los acantilados más grandes de la Europa continental, pero son sus 13 km de longitud los que los convierten en un lugar especial. Habría muchos adjetivos para calificar esta obra de la naturaleza pero quizá el más adecuado sea el más sencillo: IMPRESIONANTE. Así es como se siente uno al clavar su vista en aquellas paredes, porque da igual mirar a izquierda o derecha. Toda la zona es similar.

Hay varios miradores a lo largo del sendero y zona en las que se pueden avistar algunas especies como los frailecillos que anidan allí cada verano. De hecho todo el sendero da para pasar un día entero recorriéndolo de punta a punta. Obviamente eso es algo que no nos habíamos planteado sobre todo por las horas y también por ir con dos niños pequeños. Pero aún y así hemos estado un buen rato maravillándonos del espectáculo. La zona está toda acotada para evitar que alguien salte en busca de la foto “postureo” ya que ha habido gente que ha perdido la vida al acercarse demasiado al borde y ser empujados por un golpe de viento. No ha sido nuestro caso ya que en eso siempre somos bastante cautos aunque he de decir que yo sí he saltado en una zona en la que realmente no había peligro para poder hacer alguna mejor foto.

Para los que viajan a Irlanda la visita a los acantilados de Moher suponen un desplazamiento de casi 300 kilómetros, algo de lo cual muchos desisten prefiriendo ir a Irlanda del Norte haciendo una ruta más pequeña con vuelta a Dublín. Nuestro consejo es marcar como destino obligatorio este lugar ya que aunque esta isla deja estampas increíbles en cada rincón, éste es uno de los más espectaculares. Al igual que The Burren nos ha decepcionado, los acantilados de Moher nos han parecido todo lo contrario, una auténtica pasada.

Nos hemos podido explayar un rato más por allí ya que para esta noche ya teníamos reservado el camping para dormir. Conscientes que acabaríamos la jornada por los acantilados de Moher, reservamos el Nagles Camping and Caravan Park, un camping ubicado en la localidad de Doolin. Habíamos leído previamente que la ubicación del camping era ideal ya que desde él se pueden observar los acantilados además de estar situado en una zona portuaria desde la que cada día salen barcos a las islas Aran, que son un pequeño conjunto de islas muy coquetas las cuales nos apetecía visitar.

Así que a solo 10 minutos de los acantilados de Moher hemos llegado al camping, el lugar perfecto para pasar las dos próximas noches ya que está equipado con todo detalle y con buenas instalaciones. Nos ha permitido además disfrutar de unas privilegiadas (y ventosas) vistas al salvaje Atlántico golpeando las rocas al tiempo que se iba apagando el día. Ha sido nuestro último momento divertido del día jugando con Xavi y Àlex.

Mañana cogeremos el pequeño ferry en dirección a las islas Aran. Hemos leído sobre ellas y puede ser una visita entretenida y en la que nos lo podemos pasar muy bien. Concretamente son 3 pequeñas islas célebres por su patrimonio, cultura celta y sus paisajes singulares. Nosotros visitaremos la más pequeña, Inis Oírr, pero eso es algo que dejamos ya para nuestro siguiente post.

Autor entrada: brunete80

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