La Turín de los Saboya.

Queríamos levantarnos pronto, pero qué va… estábamos en modo ‘relax total’, así que entre desayunar y ponernos en marcha, se nos hizo bastante tarde. Pero al estar en una ciudad sin apenas turistas pudimos ver todo lo que teníamos programado cómodamente.

Para ello, pusimos rumbo hacia el corazón histórico de Torino, la Piazza San Carlo. Una inmensa plaza peatonal de forma rectangular envuelta con sus famosos soportales que acogen comercios y los históricos Caffès. Los turineses llaman a esta plaza el “salotto di Torino” (la sala de estar de Turín), debido a su amplitud y cantidad de terrazas que de madrugada ya están montadas a su alrededor y en las que los habituales llegan para tomar su típico “bicerin” (expreso de café, chocolate y crema de leche a capas) diario, que por cierto, cuesta nada más y nada menos que de 6,5 euros (precios 2018). Estos Caffès atesoran detrás un pedazo de historia de la ciudad y de sus célebres personajes.

¿Quieres saber más? Lee nuestro artículo:

Ruta por los “Caffès Históricos” de Torino.

La Piazza San Carlo es una de las más importantes de la ciudad y en ella son habituales los acontecimientos sociales tales como conciertos, mítines, protestas ciudadanas y celebraciones deportivas de la Juventus. En el centro de la misma se encuentra la estatua ecuestre de Emanuele Filiberto de Saboya, “El Caval d’Brons”, que representa al Duque en el acto de enfundar su espada tras la victoria de San Quintín.

En uno de los accesos a la plaza también nos encontramos con “las iglesias gemelas”. Estas son la famosa Iglesia de Santa Cristina de estilo barroco y coronada en su fachada por candelabros y la Iglesia San Carlo Borromeo, que también da nombre a la plaza en homenaje al arzobispo de Milán, devoto de la Sábana Santa y que Emanuele Filiberto hizo llevar a Turín en 1578 para acortar la peregrinación que tenía que realizar hasta Chambéry para venerarla.

Continuamos por la Via Roma que enlaza las dos plazas más importantes de Torino, la Piazza San Carlo que acabamos de visitar y la Piazza Castello, nuestro próximo destino. Pasear entre los famosos soportales de la Via Roma es todo un lujo, una ecléctica mezcla bohemia, histórica y comercial.

En esta calle también podéis encontrar, aunque un poco escondida, la Galleria San Federico, una galería comercial construida en los años 30 y donde podéis realizar compras o simplemente tomar un café admirando el esplendido techo abovedado que combina con el piso de mosaicos negros y blancos. Allí también veréis el histórico Cine Lux.

Y por fin llegamos a la famosa Piazza Castello, el verdadero corazón histórico de los Saboya dentro de la ciudad. En la plaza y en sus alrededores se encuentran los edificios más emblemáticos: el Palacio Madama, la iglesia de San Lorenzo, el Teatro Regio, el Palacio Real de Turín y la Catedral de Turín, donde se encuentra la venerada Sábana Santa.

PALAZZO REALE

Nuestra primera visita fue al Palacio Real de Torino, incluida la entrada en la Torino Piamonte Card. Por esas fechas, en sus exteriores, había montado un escenario para la celebración de espectáculos por las noches. El Palacio, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por ser la primera y más importante Residencia Real de los Saboya. Por fuera sigue la misma línea arquitectónica que las grandes avenidas y plazas, pero dentro es deslumbrante, símbolo de la ostentosidad propia de la realeza europea. Muy impresionante es la armería que atesora en su interior, considerada la segunda más importante de Europa. Con la misma entrada se puede visitar también la Galleria Sabauda, con obras de famosos pintores italianos clasificados por categorías y periodos, así como también de Jan van Eyck o Rembrandt. El Museo Arqueológico situado en el sótano, con piezas bastante interesantes y los jardines en el exterior, aunque estos últimos no tienen nada de especial.

Pendiente nos quedaron visitar “las cocinas reales” que al parecer están muy bien conservadas. El precio de la entrada se paga a parte y hay que acoplarse a un horario establecido por ser una visita guiada.

IGLESIA DE SAN LORENZO

Tampoco es que tenga nada de especial esta iglesia de estilo barroco ubicada en el lateral izquierdo del Palacio Real, aunque ya que estábamos allí decidimos pasar a visitarla. Mucho más bonitas las iglesias gemelas de la Piazza San Carlo que esta misma y su vecina, la Catedral de Turín.

CATEDRAL DE TURIN

Acostumbrados ya a la magnificencia de cualquiera de las iglesias italianas, y más, si albergan en su interior algún ente sagrado del cristianismo, la Catedral de Torino (a la que se accede atravesando un pequeño soportal que pasa inadvertido en la zona izquierda del Palacio Real), es una de las excepciones que confirman la regla. La entrada es gratuita y su interior, modesto y sencillo, no tiene nada que destacar, es más, le falta una buena restauración, empezando por la pintura de las paredes bastante sucia y saltada.

Casi inadvertido, si no es por la pequeña congregación de gente, está lo que dicen ser la Sábana Santa o el Santo Sudario, y digo dicen, porque hay muchos estudios al respecto tanto corroborando la veracidad de la prenda como de lo contrario. El caso es que allí no se puede ver ni la caja que la contiene. Solamente se observa una mesa elegantemente vestida con una imagen fotografiada que parece un rostro y ramas con espinas que simbolizan la corona de la Pasión por encima de la mesa. Todo esto se encuentra en el interior de un cristal blindado. El Sudario, según dicen, se encuentra en una caja sellada de la luz y aire, y solamente se saca cuando el Papa decide realizar alguna ostensión pública.

MERCADO DE PORTA PALAZZO Y DEL BALON

Después de visitar la Catedral de Turín, frente a ella nos encontramos con la puerta de acceso a la antigua ciudad romana: La Puerta Palatina, que nos llevaría directamente al Mercado de Porta Palazzo y del Balón. Este vestigio romano que no tenía una autentica función defensiva, sino que servía para diferenciar el campo de la ciudad, destaca respecto a los edificios que la envuelven. Actualmente tiene dos esculturas en bronce, una de César Augusto y la otra de Julio César.

   

En 5 minutos llegamos al mercado de Porta Palazzo, el que dicen es el mercado al aire libre más grande de Europa. Damos fe de que es enorme y en él hay dispuestos multitud de puestos pegados al milímetro los unos a los otros de fruta, verduras, pescado, carne, flores y ropa. Éste tiene lugar de lunes a sábado en la Piazza della Repubblica. Y si tienes la suerte, como nosotras, de visitarlo un sábado, no te pierdas el vecino mercadillo del “Balon”. Este mercado está dividido por zonas y pasear entre ellas te da buena cuenta de la auténtica cultura italiana. Nos llevamos de recuerdo sobre todo el olor a fruta, verdura, especies y flores, el bullicio de la gente comprando, el género dispuesto de tal manera que se te van los ojos, en definitiva, lo pintorescamente italiano que es el mercado. El segundo sábado de cada mes también tiene lugar el mercado del “Gran Balon”, diferente a este que visitamos.

   

Y ahora sí, antes de continuar con nuestra ruta, paramos en una terracita de un restaurante a tomar fuerzas. Importante decir que en Torino, tanto las comidas como las cenas se tienen que realizar dentro de un horario establecido, puesto que si llegas a un restaurante a comer digamos sobre las 15.00h, seguramente la cocina ya esté cerrada y te quedes sin comer, ya que es bastante complicado encontrar locales de comida rápida por el centro. Esta vez tuvimos suerte y encontramos un restaurante a la segunda intentona. Y como no, nos atiborramos nuevamente de hidratos de carbono.

PALACIO MADAMA

Volviendo otra vez al corazón histórico de Torino, visitamos el Palacio Madama, incluida también la entrada en la Torino Piamonte Card. Este Palacio, integrado dentro del catálogo de las “Residencias Reales de los Saboya”, está catalogado también como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y es considerado uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad debido a la curiosa mezcla barroca y medieval de su fachada y por la belleza de su interior. La verdad es que fue una visita bastante curiosa, puesto que ninguna de nosotras había visitado previamente un palacio donde solo nosotras éramos las únicas visitantes.

Dentro hay una cafetería con unas vistas increíbles a la Piazza de Castello, pero sin duda, nos quedamos con la panorámica desde una de las torres hacia la Mole Antonelliana con arco iris incluido. El Palacio, a parte de sus suntuosas salas, también tiene colecciones de arte y exposiciones temporales, por lo que es un museo en sí mismo. Como curiosidad, mencionar que el palacete debe su nombre “Madama” debido a que fue la residencia elegida en sus distintas épocas por mujeres de la realeza de los Saboya.

Después de tomarnos un tentempié en el famoso Caffè San Carlo, mejor dicho, más que un tentempié yo me comí un sabroso “banana split” (lo podéis comprobar en nuestro artículo…)

Ruta por los “Caffès Históricos” de Torino.

y ya un poco agotadas de tanto caminar, nos decidimos por ir a descansar al hotel y recuperar fuerzas para conocer más tarde la noche turinesa, pues tenía preparada una sorpresita a las chicas difícil de olvidar…

La noche en el barrio del “Quadrilatero romano”, núcleo de la antigua ciudad romana  que debe su denominación a su forma cuadrada, es el sitio ideal para salir por la noche ya que sus calles cobran vida y se llenan de turineses deseosos de fiesta y risas. Allí mismo teníamos una cita para realizar un Scape Room denominado “El Misterio di Torino”. Decir que lo que vivimos y como lo vivimos quedará siempre en nuestra memoria, nada más os podemos contar que fue una experiencia digamos que increíblemente singular. He aquí la prueba de nuestro paso al terminar.

Al salir de nuestro Scape Room fuimos a cenar por la zona y luego a tomarnos algo a un pub. Como estábamos en la cuna del vermut nos decantamos por un Martini bien fresquito que te lo sirven con rodajas de lima. Y ya sí, como dicen coloquialmente: mañana más, y mejor. Nos acostamos sobre las 3 de la madrugada con la promesa de levantarnos tempranito.

    

Autor entrada: Sonia Bellver

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