Primeros pasos por Turín.

En menos de dos horas ya habíamos llegado a Torino y una vez en el aeropuerto nos trasladamos en taxi hasta nuestro céntrico hotel en apenas 30 minutos. Aconsejamos este medio de transporte ya que existe una especie de tarifa plana que por 35 euros te trasladan hasta la puerta del alojamiento siempre que esté situado en el centro de la ciudad.

Nada más llegar fuimos directas a probar el famoso vino Barolo que nos costó la friolera de 6 euros por copa. Pero en fin, el establecimiento ubicado dentro de uno de los pintorescos soportales que se extienden en más de 17km por toda la ciudad fue un marco incomparable para hacernos una idea de lo que nos esperaba durante tres días, y de ahí que sea llamada “la ciudad de los soportales”. Estos pasajes fueron construidos por la Familia Real para poder pasear mientras llovía, ya que 12km del total de ellos están conectados. En la actualidad estos soportales con arcadas están llenos de cafeterías y librerías donde te da la sensación de que se haya detenido el tiempo.

 

Al terminar con nuestra cata pasamos por la Oficina de Información Turística ubicada frente a la estación de tren Porta Nuova para comprar la tarjeta Torino Piamonte Card y de la cual como podréis leer en el relato de viaje, hicimos muy buen uso de ella durante los tres días. Así pues, pusimos rumbo hacia el monumental puente Rey Humberto I que nos daría entrada al Parco de Valentino que se extiende paralelo junto al río Po.

Parco de Valentino: Castillo de Valentino, Borgo Medievale y Giardino Roccioso.

El Parco de Valentino alberga el Castillo de Valentino, el Borgo Medievale y el Giardino Rociosso y fue en donde pasamos las primeras horas en la ciudad paseando en este entorno natural. Adjuntamos un pequeño mapa para que podáis situar mejor todos los atractivos que ofrece el parque.

El parque está considerado el pulmón verde de la ciudad y es allí donde los turineses van a pasear, a correr, con la bici o simplemente descansar sobre la hierba los fines de semana. Pasar parte de la tarde en él nos vino ideal para relajarnos, pasear y comer unas buenas hamburguesas en los múltiples chiringuitos que hay repartidos junto al río. Este parque se puede recorrer perfectamente andando o para quien lo prefiera, existe la opción de alquilar unas bicis a la entrada del mismo.

Siguiendo el mismo río Po llegamos al Castillo de Valentino. Éste fue construido en el siglo XVII como residencia veraniega para María Cristina de Borbón, esposa del rey Víctor Amadeo I de Saboya. Desde 1860 acoge la Facultad de Arquitectura del Politécnico de Torino y está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

El Castillo tiene dos fachadas diferentes: la principal en dirección a Torino que tiene las características arquitectónicas de los castillos franceses del siglo XVII y del barroco de las construcciones italianas, mientras que frente al río Po tiene la fachada secundaria en cerámica.

Continuamos pues hasta lo que muchos consideran la mayor atracción del parque; el Borgo Medievale. Es una recreación de un pueblo medieval pero sin ningún valor histórico ya que no pertenece a la época, aunque la perfecta recreación así lo parezca. Se construyó en 1884 para la Exposición Universal de Torino y hay visitas guiadas por dentro del recinto incluidas en la Torino Piamonte Card.

     

Justo frente al Borgo Medievale encontramos el bonito Giardino Roccioso, un jardín que no os podéis perder. En él se pueden encontrar desde las curiosas farolas cariñosas hasta esculturas de cuentos de hadas como la rana que se convierte en príncipe o como el gatito andando entre el río, todo esto enmarcado entre flores, árboles y plantas muy bien cuidadas.

Estábamos en el lugar y sitio apropiado para relajamos un ratito metiendo los pies en las frías aguas de los riachuelos… ¡qué gustazo! Por cierto, no os olvidéis de llevar algo como cacahuetes, ya que el parque está lleno de ardillas que se te acercan para que les des el alimento.

   

Después de esta relajante parada seguimos nuestro camino hasta el próximo destino, el Museo Nazionale dell’Automobile, no sin antes pasar a visitar la monumental Fuente de los 12 Meses a la salida del parque. Una lástima no haberla podido ver brotando agua sobre su eje central ya que hubiera sido más grandiosa de los que fue verla sin ella.

     

MUSEO NAZIONALE DELL’AUTOMOBILE

Tanto si eres amante del motor como si no lo eres, este museo no te va a dejar indiferente.

Considerado uno de los museos más célebres en el mundo, antes de entrar ya te quedas prendado del magnífico edificio que lo alberga, pero aún es más fascinante la exposición que te vas a encontrar dentro.

¿Quieres saber un poco más? Visita nuestro artículo:

Tres museos imprescindibles en Turín.

Después de alucinar en este mundo del motor se nos despertó el estómago y como ya se acercaba la hora de cenar, muy cerquita encontramos un Eataly, una especie de supermercado-restaurante ubicado en la antigua fábrica de Carpano. En este lugar se puede comprar y comer al mismo tiempo. La planta baja se encuentra dividida en zonas gastronómicas: podemos encontrar la de la carne, la del pescado, de los quesos, las verduras y lógicamente, la de la pasta. Todos los productos son de calidad, por lo que puedes comprar y quedarte a cenar en cada restaurante de las distintas zonas dependiendo de lo que te apetezca comer. Nosotras, como no, elegimos la de la pasta italiana y tenemos que decir que fue el lugar donde mejor comimos de todo el viaje, aunque eso sí, por poner un pero, las cervezas en Torino están buenísimas pero en todos los restaurantes te las sirven más bien… calentita.

No nos podíamos marchar sin visitar el museo situado en la segunda planta. En él se exhibe el proceso de fabricación del vermú, junto con barriles y maquinaria de la época, ya que Carpano fue la marca del primer vermú que se inventó en Torino y de ahí su importancia.

Así que, con todo lo visto, lo vivido y el estómago lleno, nos marchamos a descansar al hotel encantadas con el primer día en Torino. ¡Mañana más!

Autor entrada: Sonia Bellver

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