Un día por el oeste de Irlanda.

Valles interminables rodeados de agua en forma de ríos y lagos, cementerios llenos de enormes cruces celtas, verdes prados pastados libremente por ovejas y un fiordo. Sí, has leído bien: un fiordo. Ésta es la decoración que nos ha mostrado hoy la zona oeste de Irlanda. Hemos estado lejos de los núcleos más urbanos y de las zonas más pobladas de la isla. Conduciendo desde la pintoresca localidad de Castlebar en el condado de Mayo con dirección al parque nacional de Connemara, hay un sinfín de postales y paisajes los cuales no pueden dejarte indiferente.

Nada más salir y casi sin querer en el pueblecito de Aghagower nos hemos tropezado con un típico cementerio irlandés, adornado por enormes cruces celtas las cuales destacan sobre cualquier cosa.

Esta zona de Irlanda es preciosa y especialmente recomendable para recorrer por carretera. Con razón es llamada la isla esmeralda ya que el verde (en múltiples tonalidades) predomina en todo su paisaje. Es casi imposible no pararse a contemplar su entorno, pues de hecho nos hemos detenido un par de veces a ello.

Tanto es así que incluso nos hemos cruzado con unos habitantes muy típicos de la isla. Un rebaño de ovejas en medio de la carretera que ha hecho alucinar a Xavi y Àlex que han enloquecido desde dentro de nuestra caravana.

Así hemos llegado hasta uno de los espectáculos de Irlanda, el fiordo de Killary el cual es el único fiordo que hay en toda la isla. Frontera natural entre los condados de Mayo y Galway y rodeado por las montañas de Connemara, el valle es una pasada y en él se pueden hacer muchas actividades como pescar o tomar un pequeño crucero con el que atravesar el fiordo y salir hacia el océano Atlántico.

Apenas a 15 kilómetros del fiordo se encuentra la abadía de Kylemore, otro de los lugares destacados de la región. Si bien antes de ser una abadía fue un castillo, esta construcción se hizo en 1867 por Mitchell Henry para su esposa Margaret. Además del castillo arregló la zona creando unos preciosos jardines victorianos para completar lo que se convirtió en una gran propiedad. Por desgracia a los pocos años Margaret murió y poco después fue la hija pequeña del matrimonio la que falleció, lo que hizo a Mitchell vender aquello a los duques de Manchester. Pero éstos descuidaron la propiedad hasta que la perdieron en una partida de cartas.

Pasaron los años y no fue hasta un tiempo después que unas monjas benedictinas lo compraron por un precio simbólico para convertir el castillo en una abadía y un colegio para niñas además de arreglar los jardines victorianos. Hoy en día sigue siendo propiedad de las mojas benedictinas y su uso está dedicado al turismo. La entrada cuesta 13 euros y se puede visitar la propiedad por fuera y los jardines. No lo hicimos y preferimos únicamente ver la abadía por el exterior para llegar antes al parque nacional de Connemara.

Y es que el parque de Connemara es sin duda lugar más espectacular de la región. Muy cerquita de la abadía se llega al centro de visitantes del parque el cual tiene un amplio aparcamiento. De hecho el aparcamiento no puede absorber la gran cantidad de visitantes que recibe cada día para hacer alguno de sus múltiples senderos y los coches se distribuyen a ambos lados de la carretera de entrada al parque. La entrada es gratuita y en la recepción puedes recoger un folleto con los diferentes senderos. Principalmente hay 3: uno muy cortito, otro de hora y media y el último que dura sobre las 4 horas y que sube a lo alto de la colina Diamond Hill. Nosotros nos quedamos con intermedio y fue una gran elección

Es un sendero perfecto para hacer en familia ya que no conlleva ningún peligro, y de hecho nuestro dos pequeños se lo han pasado genial buscando flores y corriendo por los caminos y escaleras.

Porque aunque no se llega a lo más alto de Diamond Hill (desde donde dicen están las mejores vistas de toda Irlanda), se sube lo suficiente como para ver perfectamente el Fiordo de Killary, la maravilla de la naturaleza que habíamos visto por la mañana.

Al final de la ruta y ya prácticamente en el centro de visitantes hay también algunos animales como caballos o patos en un lago además de una zona de juego con columpios ideal para los niños. Un lugar ideal para acabar la visita a este lugar tan fantástico.

Y como aún no era demasiado tarde hemos decidido hacer un pequeño tramo más de carretera para llegar hacia Galway. Teníamos marcado en rojo esta ciudad costera del oeste del país, la cual dicen que es especial por su ambiente festivo y bohemio, además de ser también famosa por ser el lugar donde Cristóbal Colón se inspiró un tiempo antes de partir en busca del nuevo mundo. Habíamos descubierto (gracias a nuestras apps de lugares de pernocta) que se podía pasar la noche en el parking del puerto, así que allí es donde nos hemos dirigido. Y ha sido todo un acierto ya que por solo 6 euros hemos aparcado la autocaravana y nos hemos ido al centro para pasar la tarde-noche en la ciudad.

Lo que habíamos leído de Galway es absolutamente cierto. Su calles peatonales están inundadas de gente con ganas de divertirse y pasar un rato agradable. Las tiendas y restaurantes se mezclan con artistas y músicos callejeros.

Pero sin ninguna duda lo mejor son la interminable cantidad de pubs en los que se amontona la gente para tomarse cervezas mientras escuchan música en directo. Por supuesto que hemos entrado en uno a mezclarnos con la gente ya que esta es una de las cosas que más nos gusta, la de empaparnos de la cultura y modo de vida de los lugares a los que viajamos. Y es que no se entiende la cultura irlandesa sin sus pubs, la cerveza y la música.

Eso sí, a las 22:00h ya no permiten la asistencia de niños en los pubs así que a esa hora nos hemos ido a la autocaravana a cenar y a finalmente descansar de este fantástico día en el oeste de Irlanda. Por lo menos aún hemos podido disfrutar media horita de música en directo ya que ésta empezaba a las 21:30h. Era otra de las cosas que teníamos muchas ganas de hacer en este viaje.

Y lo mejor es que aún nos quedan días de ver aún muchas más cosas. Mañana seguimos bajando al sur. Veremos qué sorpresas nos depara el día.

Autor entrada: brunete80

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