«Cuba, ¿Cómo eres en realidad?»

Hace tiempo que rondaba por mi mente hablar sobre ti. De hecho han sido varias las veces que he intentado empezar pero nunca encontraba el momento. Mejor dicho, siempre había una excusa, algo que hacer, otra cosa sobre la que escribir. Seguramente porque no sabía muy bien qué contar de ti, cómo explicar quién eres en realidad. Y finalmente he llegado a la conclusión de que no lo sé.

Así que es posible que esté equivocado, pero al menos hoy quiero contar cómo creo que eres, cómo te veo yo.

Hombre rural en Cuba

En las últimas semanas estamos viendo cómo en numerosas de tus localidades muchos ciudadanos han salido a protestar por una coyuntura cada vez más difícil, en la que a la falta de productos básicos se suma una precaria situación económica agravada por la pandemia del coronavirus la cual ha hundido al turismo, tu principal fuente de ingresos.

Algunos lo llaman «el despertar del pueblo cubano» o «el pueblo ha perdido el miedo». Yo prefiero no catalogarlo de ningún modo, permíteme hablar sin etiquetas. Simplemente voy a hablar de lo que yo viví.

plaza carrillo que ver en trinidad

Nuestro viaje a Cuba me sirvió para romper estereotipos que tantas veces había escuchado y que me hacían dudar de si había sido una buena elección ir allí con mis niños. «Os vais al tercer mundo», «allí no hay casi productos de primera necesidad», «la gente se muere de hambre», «¿es un país seguro?», nos espetaban. Lo mejor de todo es que generalmente el que me decía eso no había ido más allá de los Pirineos y mucho menos había puesto un pie sobre ti. Todo suposiciones y mantras escuchados mil veces en los medios de comunicación.

Durante los 16 días que pasé contigo intenté conocer cómo eras en realidad. Para ello hablé con tu gente y me quedé en sus casas, comí con ellos y me recorrí gran parte de tu territorio con Sonia, Xavi y Àlex tratando de ser una familia cubana cualquiera. Por ejemplo tostándonos al sol en una playa local a las afueras de Trinidad, subiendo a las atracciones de la feria en el carnaval de Cienfuegos, nadando en las cataratas de El Nicho o cenando en la calle durante la Noche Viñalera de Viñales.

Niños jugando en museo de La Habana

No te voy a negar que también hice «turistadas» como alojarme en Cayo Levisa, donde los cubanos tienen prohibido ir por su cercanía con Miami (suena extraño esto, ¿verdad?), hacer un tour en almendrón por La Habana o volverme a casar (esta vez a la orilla del mar) en el lujoso Cayo Largo del Sur al cual solo se puede llegar en avioneta.

NOTA: Si os ha entrado la curiosidad, en el enlace siguiente podéis ver el itinerario completo en nuestro viaje a Cuba con niños.

Viaje a Cuba con niños. Itinerario

Finalmente, tras este cóctel de emociones volví enamorado. «Casi todo lo que sale en la TV es mentira», «allí la gente no pasa hambre, no se vive tan mal», les decía yo a mis familiares y amigos cuando les contaba cosas de ti. Seguramente seguía anestesiado por tu belleza, de tu vida y del calor de tu gente, quizá estaba sumido en un alto estado de embriaguez que no me dejaba ver más allá tu realidad.

Ahora con el tiempo (justo dos años después) me siento con la perspectiva adecuada para poder intentar explicar de una manera más objetiva cómo creo que eres. Ahora algunas de las situaciones que viví y a las que no les presté atención entonces, toman mayor significado.

Gente paseando en Trinidad en Cuba

¿Recuerdas?

En nuestro primer alojamiento de Casa Mercedes en la aldea de Carboneras (en la que apenas había iluminación y las calles estaban a medio asfaltar, por cierto), la chica que nos preparaba las comidas era la vecina, una profesora que se sacaba así un sobresueldo en su época de vacaciones escolares. Y ahora pienso, ¿por qué una profesora tiene que buscarse una segunda actividad para sacarse un extra económico?, ¿no les llega el sueldo a los docentes para vivir dignamente?, ¿es por eso que en la mayoría de pueblos y ciudades que visité, tus escuelas estaban abiertas de modo que los turistas y viajeros pudieran pasearse por sus salas a cambio de dejar un «voluntario» donativo a los maestros que la enseñaban gustosamente?

Entrada de un colegio en La Habana

Lo mismo me pasó en otras dos casas de otras encantadoras personas. En este caso pertenecían al mundo de la medicina. Una doctora jubilada de Cienfuegos y un cirujano de La Habana que se iba de congreso internacional a Guatemala, alquilaban habitaciones en sus casas para turistas. Lanzo la pregunta: ¿Qué necesidad (principalmente económica) deberían tener para realizar esto?

POR CIERTO…

En La Habana nos alojamos en Centro Habana, en un barrio que a primera vista no inspiraba demasiada confianza. Estas dudas se disiparon rápidamente cuando la esposa del cirujano nos dijo que no debíamos preocuparnos por nada, ya que íbamos a quedarnos en casa del «cacique» del barrio.

Sí, has leído bien. Con eso quedaba todo dicho.

Gente paseando en Centro Habana

Esto me traslada a una situación que viví de una manera entrañable en Trinidad, probablemente tu ciudad más bonita. Debajo de la Casa de la Música, a los pies de la escalinata, me tropecé con una mujer que me pidió que le hiciera una foto con su nieto. Era otra profesora que venía del este. El gobierno le había subido el sueldo y por fin podía disfrutar de unas vacaciones después de muchos años, por lo que quiso llevarse a su familia con ella. Entonces no le di importancia, vaya ignorancia la mía. ¿No te parecía extraño que una profesora no se pudiera prácticamente permitir ir de vacaciones?

mujer cubana con su nieto en Trinidad

Otro día en Santa Clara, la ciudad donde se encuentra el mausoleo del Ché Guevara, entramos a un supermercado en busca de unos cuantos básicos para seguir nuestro viaje por carretera. Agua, galletas, papas, zumo… eso era nuestro objetivo. Pero cuál fue mi sorpresa al entrar, la tienda esta prácticamente vacía, con las estanterías sin productos y los congeladores únicamente llenos de aire. Apenas había garrafas de agua (menos mal), arroz, fideos, algunos paquetes de comida precocinada y unos pocos productos más. ¡Ah! y ron. Sí, había mucho ron, de todas las marcas.

«Vaya con el embargo americano, apenas dejan respirar a los cubanos», pensé. Qué iluso fui. Y digo iluso porque apenas a 15 minutos de ese supermercado estábamos alojados en una casa en la que no había ningún tipo de escasez de productos. La comida que nos preparaban sus dueños era abundante y variada. Bollos, tortillas, jugos de fruta, verdura, magdalenas, carne… No faltaba de nada.

casa azul santa clara

¿Y eso por qué? Me contaron que en Cuba, los hoteles y los ciudadanos que hospedan a turistas en sus casas (bajo licencia del gobierno) compran en unos supermercados exclusivos para ellos (que obviamente no son los que vimos en el centro de la ciudad) y además a precios más económicos. Otra vez, fue algo a lo que no acabé de prestar atención. Hasta ahora.

Por último, me acuerdo de cuando estuvimos en Viñales, en casa de la farmacéutica del pueblo y a Xavi le salió un eccema en la axila debido al calor y la humedad. A pesar de ir provistos de un botiquín bastante completo no teníamos nada concreto para esto. Suerte que nuestra casera nos proporcionó un remedio inesperado. Preparó una especie de polvos de talco con maíz machacado, manzanilla (y algo más) que resultó tener un efecto mágico ya que en un par días Xavi quedó plenamente curado.

Al estar al final de nuestro viaje y como agradecimiento le regalamos el contenido de nuestro botiquín: agua oxigenada, betadine, apiretal, tiritas, ibuprofeno, etc. La cara de nuestra farmacéutica se iluminó de repente. Según dijo hacía semanas que no tenía prácticamente suministros básicos y habían pasado meses desde que viera las últimas aspirinas y antihistamínicos. El «remedio milagroso» de Xavi y la alegría de la farmacéutica por recibir nuestro botiquín no me dejaron ver más allá. ¿Cómo es posible que un país que presume de contar con los mejores médicos del mundo no proporcione suministros esenciales a sus sanitarios?

Estas son solo algunas de las situaciones que viví y que ahora me hacen reflexionar. Como dije antes, yo volví a casa totalmente enamorado. Creía que la vida no era como nos la quieren hacer ver al otro lado del Atlántico y que, con mayor o menor dificultad, la gente vive en buenas condiciones y es feliz.

No sé si todo eso es culpa del eterno embargo estadounidense (el recurso fácil) o si el gobierno es el que gestiona tus recursos de manera poco eficiente y arbitraria. De verdad, no lo sé. Cabe recordar que, lo queramos o no, sigues siendo una dictadura en la que tu gente no puede elegir quién y cómo la gobierne. Y eso te resta puntos. No en vano la mayoría de tus habitantes tenía miedo de hablarnos sobre cómo era su vida diaria, al menos de primeras. Solo después de romper el hielo y ver que éramos simples viajeros ávidos de «curiosidad por conocerte», desaparecía la desconfianza y entablábamos por fin esas conversaciones (en ocasiones bien entrada la madrugada) libres de ataduras y con el corazón en la mano, algunas de las cuales he mencionado con anterioridad. Y no estoy intentando meterme en política, solo trato de hablar de datos objetivos.

Mujer hablando en Cienfuegos

No digo que ahora todo eso se haya esfumado y piense que estaba totalmente equivocado, pero la perspectiva y el paso del tiempo me han hecho sentir que la Cuba que yo viví no era del todo real. Creo que estaba algo edulcorada por tu singular belleza, tus playas, tu verano constante y sobre todo porque la gente cubana, tu gente, es especial. Tu magnetismo hace que el viajero (o turista, como quieras llamarlo) se sienta extasiado, feliz contigo. Lo haces sentir único, como en en su propia casa, o incluso mejor. Tanto que desearía quedarse a vivir contigo para siempre, aún sin saber cómo eres en realidad.

Si pudiera definirte de alguna manera, permíteme compararte con uno de los famosos almendrones que recorren La Habana. Unos coches preciosos, con el tapizado de cuero, relucientes por fuera y con vistosos colores que los hacen aún más atractivos para que la gente se suba en ellos. Yo no pude resistirme a subirme a uno (Guau, ¡me sentí como en una película clásica!). Son coches que llevan circulando desde los años 50, con un motor de otra época y múltiples piezas que han sufrido quizá demasiados retoques, incontables apaños y parches para poder seguir rodando con esa elegancia que les caracteriza. Posiblemente sepan que su tiempo haya pasado, pero su orgullo es el que les mantiene aún en circulación, el que les hace a resistirse a abandonar las calles y a realizar cada nuevo día un último baile.

Almendrón averiado en La Habana

Y sinceramente creo que eso es lo que pasa contigo. Que al igual que ocurre con los almendrones, tú te resistes a cambiar, a ser devorada por este mundo que avanza cada día más y más rápido. No quieres convertirte en otro lugar más, por eso aunque hayas realizado pequeños cambios, en esencia quieres seguir siendo la misma de hace más de 60 años, para lo bueno y para lo malo. No te culpo, es lícito, a todos nos gustaría tener el elixir de la eterna juventud y no cambiar nunca aunque desgraciadamente el paso del tiempo es inexorable para todas y para todos (¿no ves?, fíjate como ahora el lenguaje se ha hecho inclusivo).

Carteles de la revolución en la carretera

Pero reconócelo, ambos sabemos que cada vez lo tienes más difícil. No sé lo que pasará contigo, si de verdad cambiarás o si simplemente te realizarás un nuevo «lifting» de manera que «todo seguirá más o menos igual». No puedo predecir el futuro, la verdad. Aún así y a pesar de todo, a mí me sigues dejando enormes dudas. Me da la sensación de regresar al mismo sitio al que estaba cuando empecé a escribir sobre ti.

Justo a la misma frase:

Cuba, ¿Cómo eres en realidad?

Puesta de sol en el Malecón de La Habana

2 de agosto de 2021

Bruno

2 comentarios en “«Cuba, ¿Cómo eres en realidad?»”

  1. Me ha encantado tu post, y estoy totalmente de acuerdo en tu reflexión.
    Ese sentimiento contradictorio que te deja, creo que es aquello que hace que quieras volver, y seguir indagando en sus calles, con su gente…yo soy una enamorada de Cuba

    • Hola, Soraya.
      Gracias por tu comentario. Me alegra que te haya gustado mi reflexión.
      Ambos coincidimos en nuestra visión sobre Cuba, esa isla mágica que te atrapa y no sabes muy bien por qué.
      A mí también me encantaría volver para tratar de averiguar cómo es en realidad.
      Quién sabe, todo es posible.
      ¡Un abrazo!

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